Parte de la reputación suiza se vuelve visible en objetos y sistemas concretos. Los relojes son el ejemplo más conocido, porque concentran ideas de precisión, calidad y fabricación cuidada en algo muy fácil de reconocer.
Pero el estilo suizo no se reduce a la relojería. También aparece en señalización pública, diseño gráfico, envases y sistemas de información claros. La clave es ver una relación entre precisión técnica y legibilidad visual, sin convertir eso en una teoría abstracta sobre el carácter nacional.
