El medio natural aporta numerosos elementos necesarios para la vida: la atmósfera (cubierta gaseosa terrestre que alberga carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno) y la hidrosfera (el agua del planeta en cada uno de sus estados).
Por su parte, la biocenosis constituye la dimensión orgánica y viva del medio natural. Se integra por la fitocenosis (flora y vegetación), la zoocenosis (fauna), la edafocenosis (el suelo) y la acción humana.
La articulación de ambos componentes origina el ecosistema: un nivel organizativo compuesto por múltiples especies interconectadas, en el que la alteración de cualquiera de sus partes impacta en el conjunto, siendo la energía solar su motor primordial.