La identidad local veneciana convive de forma constante con la presencia de visitantes. Esa convivencia marca el uso del espacio, el ritmo de algunas calles y la forma en que muchos barrios se presentan y se protegen al mismo tiempo.
En muchos lugares de la ciudad conviven residentes, comercios cotidianos y flujos continuos de personas que llegan desde fuera. La vida urbana resulta así de un equilibrio inestable entre rutina vecinal, hospitalidad y presión exterior.
