En Suiza, votar con frecuencia forma parte de la normalidad política. Eso no significa que todo se decida siempre en las urnas, pero sí que la posibilidad de una votación influye mucho en cómo actúan partidos, gobiernos e instituciones antes de llegar al conflicto abierto.
Por esa razón, la política suiza suele buscar acuerdos y equilibrios negociados. No se trata de una supuesta armonía natural, sino de un sistema que empuja a tomar en serio la reacción futura del electorado y de los distintos actores institucionales. La llamada fórmula mágica es un ejemplo conocido de esta lógica de reparto del poder dentro del Consejo Federal.
