Suiza forma parte de Europa de manera evidente por geografía, economía e historia, pero no pertenece a la Unión Europea ni a la OTAN. Esa combinación puede parecer simple al principio, aunque en realidad produce una posición política bastante particular.
La relación con Europa se articula en buena medida a través de acuerdos bilaterales. No hace falta convertir esta cuestión en una lista larga de tratados para captar el patrón principal: Suiza está profundamente conectada con su entorno europeo, pero mantiene una posición institucional distinta de la de los Estados miembros de la Unión.
