El poder veneciano dependió en gran medida del comercio marítimo. La ciudad ocupaba una posición que conectaba el norte de Italia con rutas del Mediterráneo y con otros espacios de intercambio, y esa red comercial alimentó su riqueza y su influencia.
En Venecia, comercio, navegación y Estado estaban estrechamente ligados. Marco Polo, famoso por el relato de sus viajes por Asia, muestra el alcance de las rutas y de los contactos venecianos. El Arsenal fue una pieza decisiva de ese sistema: allí se concentró una parte esencial de la capacidad naval y militar que permitió a la república proteger sus rutas y proyectar poder sobre el mar.
