Durante muchos siglos, Venecia fue una república con instituciones propias y una cultura política orientada a la continuidad del gobierno. Su organización estatal se apoyó en órganos estables y en un equilibrio interno distinto del de un reino dinástico.
El dux era la figura más visible del sistema, dentro de un gobierno compartido con instituciones como el Gran Consejo y el Senado. Ese orden oligárquico limitaba el poder personal y reforzaba el control institucional del Estado.
