Después del intento centralizador de la República Helvética, Suiza no regresó simplemente al punto de partida. El Acta de Mediación devolvió mucho peso a los cantones, pero la experiencia anterior ya había cambiado el problema político de fondo. La cuestión ya no era elegir entre el viejo sistema o un Estado totalmente centralizado, sino encontrar un equilibrio más estable entre ambos extremos.
Tras 1815, ese problema seguía abierto. Había restauración, pero no una vuelta pura al mundo anterior a 1798. La política suiza avanzaba hacia una fórmula nueva en la que la autonomía cantonal seguiría siendo importante, pero dentro de una estructura más coherente que la antigua Confederación.
