La neutralidad es una de las ideas más asociadas a Suiza, pero conviene entenderla con precisión. Su reconocimiento internacional se consolidó en 1815, y más tarde las guerras mundiales reforzaron mucho su lugar en la identidad suiza. Aun así, neutralidad no significa simple pasividad ni aislamiento.
En el caso suizo se habla a menudo de neutralidad armada. La idea es clara: no participar como beligerante, pero mantener preparación militar y capacidad de defensa. Durante las guerras mundiales, Suiza no combatió como país beligerante, aunque sí sufrió presión económica, estratégica y política. Esa experiencia hizo que la neutralidad se volviera todavía más central en la forma en que el país se entiende a sí mismo.
